He pasado los últimos 3 meses escapando, corriendo por mi vida. 3 meses sin un segundo de paz, viajando de ciudad en ciudad, intentando perder a mis perseguidores. Finalmente pude deshacerme de ellos, no sin un gran costo para mí. Roland, mi amigo, camarada y hermano fue asesinado por nuestro enemigo, abatido en la noche, mientras huíamos por las calles de Rosario, intentando desaparecer. Es por eso que estoy acá sentado, escribiendo esto mientras sigo esperando por el resto de mis camaradas perdidos. Dispuesto a revelar los secretos que guarda nuestra Sociedad hace miles de años. Me he puesto en contacto con Hugo, nuestro líder, después de llevar 4 meses sin noticias de él. Su identidad fue descubierta, mientras intentaba cruzar la frontera Italo austríaca, por un agente de nuestros enemigos, apostado como agente de Aduana Italiano. Afortunadamente, pudo escapar antes que fuera detenido o asesinado, y pasó los próximos 4 meses encerrado en un cuartucho en Génova, hasta que se calmaran las aguas y pudiera huir de Italia.
Él está de acuerdo con mi idea de publicar nuestra historia y nuestra causa. Es una manera de asegurarnos que por lo menos alguien será advertido sobre los planes que nuestro Enemigo tiene para la humanidad, si fallamos en detenerlos. Pero antes de empezar a contarles nuestra historia, tengo que pedirles que se olviden de todo lo que alguna vez escucharon sobre nosotros. Real o Ficticio, Leyenda o Historia. NADA de lo que creen saber sobre nosotros es realmente cierto, así como nada es realmente falso.
jueves, febrero 26, 2009
miércoles, febrero 25, 2009
Prólogo
Mi nombre es Godofredo y escribo esto porque voy a morir. Todavía no sé cuándo, ni cómo, pero sé que va a ocurrir. Todos los demás están desaparecidos, no sé si muertos o escondidos, pero no puedo arriesgarme a que nuestro legado desaparezca conmigo.
Mi nombre real no es Godofredo, es el nombre que adopté cuando me uní a los Nueve. Hace 20 años que comparto todos los días de mi vida con otros ocho camaradas A lo largo de esos 20 años muchos han muerto; algunos de causas naturales, otros por mano de la gente que intentamos erradicar. Sin embargo, siempre somos nueve. A medida que fueron muriendo, fueron reemplazados por otros, más jóvenes, más fuertes, más entusiastas, menos preparados.
He visto veintitrés corazones detenerse en estos 20 años; unos lentamente, otros, abruptamente. Ahora yo soy el más antiguo de los miembros, junto con Hugo, nuestro último líder; aunque no creo que sea el más viejo por mucho más tiempo. Cada vez los siento más cerca, encerrando su trampa a mi alrededor. Los veo en todas partes; por la mañana, cuando salgo a comprar café; por la tarde, mientras busco a mis camaradas perdidos; por la noche, cuando recorro las calles de la ciudad, buscando refugio para pasar la noche. Todos son sospechosos, ya no distingo quién es quién por la calle. Hace 25 días que no duermo más que los 15 minutos de viaje en el subterráneo. Siento que mi cuerpo ya no me reponde como siempre y mi cerebro refrito por las noches de insomnio no puede hilar dos pensamientos juntos sin divagar durante un rato.
Basta de mí, por el momento. Estoy perdiendo tiempo valioso; y si quiero hacer perdurar nuestro legado, será mejor que empiece a relatar lo sucedido, antes que finalmente me atrapen y nuestra historia se pierda para siempre.
Creo que me están siguiendo... En cuanto pueda, volveré y comenzaré mi relato. Si nunca vuelvo, lo siento, habré fallado.
Godofredo De Saint-Omer
Mi nombre real no es Godofredo, es el nombre que adopté cuando me uní a los Nueve. Hace 20 años que comparto todos los días de mi vida con otros ocho camaradas A lo largo de esos 20 años muchos han muerto; algunos de causas naturales, otros por mano de la gente que intentamos erradicar. Sin embargo, siempre somos nueve. A medida que fueron muriendo, fueron reemplazados por otros, más jóvenes, más fuertes, más entusiastas, menos preparados.
He visto veintitrés corazones detenerse en estos 20 años; unos lentamente, otros, abruptamente. Ahora yo soy el más antiguo de los miembros, junto con Hugo, nuestro último líder; aunque no creo que sea el más viejo por mucho más tiempo. Cada vez los siento más cerca, encerrando su trampa a mi alrededor. Los veo en todas partes; por la mañana, cuando salgo a comprar café; por la tarde, mientras busco a mis camaradas perdidos; por la noche, cuando recorro las calles de la ciudad, buscando refugio para pasar la noche. Todos son sospechosos, ya no distingo quién es quién por la calle. Hace 25 días que no duermo más que los 15 minutos de viaje en el subterráneo. Siento que mi cuerpo ya no me reponde como siempre y mi cerebro refrito por las noches de insomnio no puede hilar dos pensamientos juntos sin divagar durante un rato.
Basta de mí, por el momento. Estoy perdiendo tiempo valioso; y si quiero hacer perdurar nuestro legado, será mejor que empiece a relatar lo sucedido, antes que finalmente me atrapen y nuestra historia se pierda para siempre.
Creo que me están siguiendo... En cuanto pueda, volveré y comenzaré mi relato. Si nunca vuelvo, lo siento, habré fallado.
Godofredo De Saint-Omer
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